Ensordecer

Intento no oírme a mi misma, pero al ponerle mi atención, el zumbido de mi pulso me encierra en una jaula de locura. Pasó que al no querer aceptar lo que pasaba ahí fuera, se cerraron mis oídos y ya no os podía oír, aunque quisiera con todas mis ganas. Y como la curación lleva consigo la etiqueta de paciencia, me dejé llevar por largas horas con infusiones de letras y canciones. Así me di cuenta que el causante de mi sordera no era quien me regaló ese día sus punzantes palabras,sino mi miedo de no aceptarlas. Aunque me costó más de un llanto sin lágrimas,una noche le cogí sus manos y la perdoné. Perdoné a esa personita que me había lanzado sus aterradoras garras contra mis orejas. Y luego me perdoné a mí, porque quería comprender con todas mis fuerzas que ocurría, y a veces las cosas suceden porque sí, sin más que pensar, aunque sí sentir.

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